Sergio Ramírez homenajeará en su discurso de aceptación del Cervantes al creador de Don Quijote y a Rubén Darío

Miguel de Cervantes y Rubén Darío serán los ejes centrales del discurso con el que el nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) recogerá el próximo lunes el Premio Cervantes 2017. El escritor ha protagonizado este jueves un encuentro con la prensa en la Biblioteca Nacional de España en el que ha estado acompañado por el director de la Real Academia de la Lengua, Darío Villanueva, quien ha comenzado la presentación del galardonado con las palabras “Centroamérica cuenta”.

Sergio Ramírez. / Foto: RAE.

La prueba es, ha dicho, que en los últimos años “se ha celebrado el centenario luctuoso de Rubén Darío y el cincuentenario del Nobel a Miguel Ángel Asturias”. Y también cuenta porque, según el director de la RAE, Ramírez “promueve una actividad de difusión de los valores literarios centroamericanos, pensando sobre todo en los escritores más jóvenes”. Villanueva ha repasado la trayectoria del Premio Cervantes 2017 no sólo como creador, sino también como agente cultural (periodista, fundador de editoriales, creador de revistas), que hace de él una “figura central de la literatura en lengua española”. Y, por si fuera poco, en su obra se percibe una “presencia viva pero sutil” del carácter cervantino.

Por su parte, Ramírez ha iniciado su intervención proclamando su deuda con Cervantes, “el gran inventor de la novela posmoderna. Si alguien la convirtió en el género de géneros fue él. Por este motivo —ha dicho—, siento que con él descubrí las verdaderas reglas de cómo escribir novelas en esta totalidad diversa”. Ramírez, en respuesta a los periodistas, ha explicado que una de sus pretensiones de siempre “ha sido desarmar los capítulos del Quijote para vislumbrar cómo están escritos”.

El escritor centroamericano ha avanzado que es tal su vínculo con Cervantes y Rubén Darío que en el discurso de recepción del galardón hablará “de lo que le debo a ambos escritores. Y, cómo no, todo esto me llevará a hablar de lo más importante: la felicidad que yo siento al escribir en una lengua de semejante importancia”. En su opinión, este premio debe servir para “alumbrar no sólo mi obra sino a toda esta legión de escritores talentosos centroamericanos jóvenes”. Sobre Rubén Darío y las comparaciones con él, ha dicho que “menos mal que le tengo en un plano inalcanzable, es nuestro maestro mágico y ejerció una renovación profunda de la lengua”.

Respecto a su pasado político (formó parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional), ha reconocido que sus ideales políticos “se parecían a los literarios”. “Uno siempre quiere cambiar el mundo a través de los libros”, ha reconocido con humor. “A los 16 años tomé conciencia de que vivía en una dictadura dinástica y que era una indignidad, por eso me comprometí a derrotarla. En cualquier caso, yo ya me retiré de la acción política hace 23 años”, ha explicado, antes de añadir que sus ideales siguen intactos.

Ramírez, que ha defendido que el escritor no debe tratar en sus obras sobre "temas sociales y económicos, sino sobre seres humanos”, cree que pese al relevo en el poder no se puede hablar aún de cambio en Cuba. “El Gobierno no es más que un asunto subalterno de estructura política, que sigue intacta. El que gobierna es el partido oficial y no el Gobierno”, ha asegurado, antes de admitir que en Latinoamérica “la literatura está contaminada de la anormalidad política". Una anormalidad que no se circunscribe sólo a Latinoamérica, porque, dice, “el caudillismo ha resucitado” con expresiones que no son políticas, como el narcotráfico, la violencia o la corrupción, y todo eso “va a las aguas de la novela; no podemos evadirnos de estos temas, porque forman parte de la realidad cotidiana”.

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