Reseña: ‘El fin del fin de la Tierra’, de Jonathan Franzen

Salamandra edita en español la última recopilación de textos de no ficción de Jonathan Franzen, El fin del fin de la Tierra.

Jonathan Franzen

Como todas las colecciones, también este El fin del fin de la Tierra resulta irregular. La variopinta naturaleza de los escritos que contiene, entre los que hay textos periodísticos, autobiográficos, reseñas literarias, relatos de viajes, ensayos en sentido estricto y hasta una lista de recomendaciones para novelistas, puede desconcertar al lector no familiarizado con este tipo de recopilaciones de piezas de no ficción más frecuentes entre los anglosajones que entre los hispanohablantes.

Lectores decepcionados

Ese lector no iniciado será el primero que se sienta decepcionado por la aparente falta de cohesión de este volumen de Jonathan Franzen. Pero no será el único. Porque también decepcionará a los ecologistas clásicos, que envueltos en la bandera del cambio climático se arrogan una superioridad moral que no se materializa en acciones concretas, más allá de hacernos sentir culpables cada vez que arrancamos el coche o usamos una bolsa de plástico.

Y a los negacionistas de ese cambio climático, que están convencidos de que el calentamiento global es una cuestión de creencias y no de hechos. Y a quienes solamente son capaces de pensar en el aquí y el ahora, no en un futuro distante, hipotético y nebuloso. Y a los que piensan que los grandes problemas del planeta y la humanidad son cosa de otros, que nada puede hacer el individuo para alterar ese mañana apocalíptico que vaticinan los científicos. Y a los pescadores cuyas redes diezman las poblaciones de aves marinas, o los cazadores que se creen con el derecho a tirotear cualquier ave que cruce el cielo sobre sus cabezas en sus rutas migratorias.

Todo ensayo es espejo de su autor

El fin del fin de la Tierra decepcionará además a quienes abran sus páginas en busca de ensayos o reportajes asépticos (ya lo avisa Franzen en el primero de los textos, El ensayo en tiempos oscuros: todo ensayo es espejo de su autor, y la voz de este autor resuena alta y clara en cada uno de ellos).

Jonathan Franzen - El fin del fin de la TierraY a los que desdeñan el historicismo y las reseñas literarias que trascienden las páginas de las obras reseñadas y trazan paralelismos entre la trayectoria vital del escritor y su creación. Si hablamos, en concreto, de la pieza dedicada a Edith Wharton, El problema de la afinidad, decepcionará sin duda a ciertos sectores feministas que criticarán que Franzen mencione en tantas ocasiones la falta de belleza de la escritora.

Tampoco gustará esta colección a los defensores a ultranza de la tecnología, que leerán pasajes como “nos pasamos el día leyendo en las pantallas sobre asuntos que ni se nos ocurriría leer en un libro impreso y luego refunfuñamos por lo ocupados que estamos” o su defensa de la conversación, de la soledad, de la reflexión y hasta del aburrimiento (espacios en los que el ser humano construye su propia identidad y desarrolla la paciencia o la imaginación) y pensarán: “Viejo gruñón ludita”.

¿Merece la pena leer este libro?

Con tantas posibles decepciones, ¿merece la pena leer este libro? Sin duda. Aunque suene simplista, Jonathan Franzen escribe muy bien. Su prosa, su voz, su ritmo (tan bien respetados en esta traducción del recientemente fallecido Enrique de Hériz) y su indudable talento narrativo (“todo ensayo, incluso si trata exclusivamente de ideas, cuenta una historia”) llevan al lector de la mano por sus reflexiones sobre su propia vida y el mundo que le rodea y por medio planeta persiguiendo pájaros que va tachando de su lista y retratando, de paso, los países y gentes con los que se cruza.

La prevalencia de los pájaros

La principal pega que se le puede poner a esta recopilación está precisamente en ese “de paso” y en la prevalencia de los pájaros, que ya protagonizaban los pasajes más irregulares de la novela Libertad, como personajes y argumento.

Jonathan Franzen, equipado para observar pájarosLa ilustración de la portada bien podría servir de pista, al igual que la lista de aves que cierra el libro y que aparece desprovista de contexto (¿son los pájaros que Franzen ya ha observado? ¿Los que le quedan por encontrar?; por cierto que esa lista de pájaros no aparece en la edición estadounidense), pero el caso es que se echan en falta más textos sin criaturas aladas en ellos.

Para el lector tradicional (y no apasionado de las aves) de Franzen resultan mucho más interesantes los “de paso” que las aventuras ornitológicas. Basten como ejemplo las dos mejores piezas del volumen: la que lo abre y la que le da título. En la primera de ellas, antes de zambullirse en el ecologismo y las aves, Franzen reflexiona sobre el ensayo como género, repasa cómo empezó a publicar artículos en periódicos y revistas y habla de estos tiempos oscuros (de “ruido total” como diría su amigo David Foster Wallace) en los que “no habría Trump sin Twitter ni Facebook”.

El elemento humano

En la segunda, El fin del fin de la Tierra, el contraste es aún más acusado. Se echan de menos más páginas sobre sus compañeros de expedición a la Antártida y sus interacciones con ellos, y en especial saber más sobre su tío Walt, cuya herencia le financia el viaje. Un hombre sociable, vital y optimista que fue a caer en una familia, la de los Franzen, mucho menos luminosa, como sabrán quienes hayan leído Las correcciones o Cómo estar solo.

Pese a que unos y otro aparecen espléndidamente retratados, el foco de Franzen está puesto en la persecución de un pingüino emperador. El escritor insiste en que recuerda a un niño y a lo largo del libro subraya los comportamientos tan parecidos a los humanos que muestran algunas especies de aves, olvidando que hay un abismo que separa a pájaros y humanos: los pájaros no cuentan historias. Será cierto, como critica Franzen, eso de que pecamos de antropocentrismo, pero aparte de destrozar el planeta, a los humanos nos encanta que nos cuenten historias.


Ficha del libro:

El fin del fin de la Tierra. Jonathan Franzen. Traducción: Enrique de Hériz, con excepción del ensayo ‘El fin del fin de la Tierra’, a cargo de Patricia Antón de Vez. Salamandra. Barcelona, 2019. 288 páginas. 19 euros.


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