Reseña: ‘Nosotros’, de Evgueni Ivánovich Zamiátin

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Cuando pensamos en literatura distópica, los primeros títulos que, seguramente, se nos vienen a la mente son 1984 o Un mundo feliz. Y será un pensamiento lógico, dado que, sin duda, son las obras más icónicas y conocidas de un género que ha crecido con los años y se ha convertido en un fenómeno que ha trascendido las fronteras de lo literario para llegar a convertirse en una moda que a veces peca de exceso y hace que parezca que todo lo que se publica es distopía. Pero las obras de Orwell y Huxley no fueron las primeras en crear en los lectores la desazón e inquietud al verse ante un futuro que se antojaba ideal pero se tornó oscuro y fallido. De hecho, estos autores reconocieron en su momento la influencia de Nosotros y Zamiátin en sus obras.

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En Nosotros (1920), Evgueni I. Zamiátin (Lebedian, Rusia, 1884) ya plantea los problemas que posteriormente Orwell o Huxley harían más populares: sociedades que en busca de un objetivo ideal acaban por transformarse en monstruos totalitarios en los que el ciudadano no es más que un número (en este caso, literalmente, el protagonista, D-503, y sus conciudadanos llevan por nombres toda una panoplia numérica), una parte de un engranaje opresor que sólo busca la perpetuación de un régimen dictatorial. La obra de Zamiátin, ingeniero por el Instituto Tecnológico de San Petersburgo, nos muestra en la forma del diario personal de su protagonista un mundo ultra tecnológico que, siglos después de una eterna guerra, vive aislado tras un enorme muro que les separa del salvaje entorno natural y sus animales, a los que se ve como seres inferiores, al igual que a los hombres que viven fuera de aquél.

Pero éste es el único muro, ya que las personas de esta sociedad viven felices en un Estado Único que dicta que todos los edificios sean de paredes transparentes y donde la vigilancia y el control de cada acción y cada segundo de la existencia son extremos. Evidentemente, las relaciones románticas son ilegales, y el control es tal que para las interacciones sexuales todo se basa en un sistema por el que unos ciudadanos piden a otros tenerlas usando unos tickets de color rosa que, claro está, controla el Estado; este último es el único caso en el que se permite bajar las persianas de las viviendas transparentes para tener un poco de intimidad: es la muerte de la identidad y de cualquier atisbo del libre albedrío.

“Proveniente del vasto océano de verdor que hay tras el Muro, una oleada salvaje de raíces, flores, ramajes y hojas se me vino encima. La ola se encabritó y parecía que iba a engullirme de un momento a otro, que me dejaría reducido al más simple de los organismos. A mí, a un hombre… Pero, por suerte, el vidrio del Muro Verde me separaba de ese salvaje océano de verdor. ¡Oh, divina y gran sabiduría que nos delimita con muros y barreras! El Muro es, tal vez, la más importante de nuestras invenciones. El hombre dejó de ser un animal salvaje sólo cuando construyó el Muro Verde, cuando gracias a él pudimos aislar nuestro perfecto mundo mecánico del irracional y feo mundo de los árboles y animales…”.

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El objetivo de esta sociedad, dirigida por el Benefactor al que todos veneran, es expandir este supuesto ideal por el Universo a bordo de la nave espacial El Integral, en un afán de ampliar el espacio vital y de conseguir que ese Estado Único, pleno de racionalidad y de reverenciada precisión matemática, siga siéndolo más allá de los muros de cristal que lo protegen de la naturaleza. Pero D-503, arquitecto de El Integral, comienza a tener dudas gracias o por culpa del amor, algo que él mismo interpreta como enfermedad, y comienza a ver las cosas de forma distinta y potencialmente subversiva, lo que conducirá a una revolución personal y social que hará que el régimen tiemble. El mismo Zamiátin sabía bien de lo que hablaba, no en vano sufrió los desmanes del régimen estalinista en su propia piel, llegando a solicitar directamente a Stalin permiso para abandonar la Unión Soviética.

“A través del cristal, entre la niebla y con escasa luz, pude ver el tosco morro de un animal que me miraba, unos ojos amarillos que repetían tercamente una misma idea, incomprensible para mí. Estuvimos durante un buen rato mirándonos a los ojos, esos pozos a cuyo fondo se penetra desde el mundo exterior. Entonces me picó la curiosidad: “¿Y si ese animal de ojos amarillos fuera más feliz que nosotros, con su inclasificable vida y su absurdo y sucio montón de hojas?”.

Nosotros es una novela fundamental y seminal que, como hicieron otras posteriormente, nos alerta de los peligros, plenamente vigentes, de los extremos sociopolíticos y del siempre presente fantasma de los totalitarismos. Zamiátin construye una obra que nos hace vivir de forma transparente la opaca opresión a la que nos veríamos abocados de caer en estos extremos.

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