“El ingenioso arte en miniatura” de Borges, “demasiado exclusivo y artificial” para merecer el Nobel

“No darme el Premio Nobel se ha convertido ya en una antigua tradición escandinava. Cada año me nominan para el premio y se lo dan a otro. Ya todo eso es una especie de rito”. Lo decía en 1979 Jorge Luis Borges, cuyo nombre era presencia habitual entre los favoritos al galardón desde dos décadas antes y lo seguiría siendo hasta su muerte.

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El argentino no fue el primero, ni el último, gran escritor que nunca recibiría el premio más importante de la literatura, pero ahora sabemos por qué no lo consiguió. Al menos por qué no lo hizo en 1967. La Academia sueca acaba de desclasificar (algo que sucede una vez transcurridos 50 años) las actas de las deliberaciones de aquella edición, que ha publicado el diario sueco Svenska Dagbladet y en las que se desvela cómo fue el descarte de los 69 aspirantes (aquí está el listado completo) hasta que decidieron darle el premio a Miguel Ángel Asturias.

Junto al guatemalteco sólo otros cuatro autores tuvieron opciones serias: el japonés Yasunari Kawabata (que lo conseguiría al año siguiente), W. H. Auden, Graham Greene y Jorge Luis Borges. Greene estuvo a punto de lograrlo, pero parece que en el último momento la Academia prefirió ampliar sus miras y apartarse de la Europa occidental, según apunta The Guardian, sin importar la encendida defensa de la obra del autor de El tercer hombre que llevó a cabo el presidente del jurado, Anders Osterling, que no dio su apoyo a Asturias porque su obra estaba demasiado limitada al tema revolucionario.

El citado Osterling, miembro de la Academia sueca durante 62 años, había dicho en 1966 que “la tendencia nihilista y pesimista sin fondo de la obra de Samuel Beckett” era contraria al espíritu de Alfred Nobel (el irlandés logró el premio en 1969) y en 1961 había descartado a J. R. R. Tolkien porque El Señor de los Anillos “no está, en modo alguno, a la altura de la narración de calidad”.  

Curiosamente, unos años más tarde, en el 1967 del que estamos hablando, Osterling esgrimió justo el argumento opuesto al de Tolkien para rechazar a Borges, al que describió como “demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”. Sí, se censuró el “ingenio” del argentino, su “arte” y que su obra fuese “exclusiva o artificial”. ¿Demasiado literaria para el Nobel? ¿Demasiado compleja? ¿Demasiado buena? Por desgracia el señor Osterling falleció en 1981, así que no podremos preguntarle qué quería decir exactamente. Tal vez por eso las actas de las reuniones permanecen bajo llave durante medio siglo, para que cuando se abran no quede ya nadie que nos explique su decisión.  

Pero el motivo literario no es el único para que Borges no recibiese el Nobel. También hay uno político y otro personal. El primero tiene que ver con Augusto Pinochet, al que el creador de Ficciones conoció en 1976 cuando recogió el doctorado honoris causa por la Universidad de Chile y al que elogió en un discurso posterior. La sombra del encuentro con Pinochet le acompañaría hasta su fallecimiento, y de hecho su viuda María Kodama recordó hace unos años, como cuentan en Página 12, que un periodista de Estocolmo llamó al escritor argentino para advertirle de que si viajaba a Chile nunca tendría un Nobel: “Borges agradeció el consejo de no ir a Chile y le dijo que hay dos cosas que un hombre no puede hacer: sobornar y dejarse sobornar”.

La causa política fue también esgrimida sin ambages por el académico sueco (y en su momento secretario permanente de la institución) Artur Lundkvist, que admitió ante el escritor chileno Volodia Teitelboim: “La Academia Sueca nunca le dará el Nobel a Borges. La sociedad sueca no puede premiar a alguien con esos antecedentes”. Lundkvist (fallecido en 1991, así que tampoco podemos preguntarle) es el protagonista del motivo personal que mencionábamos más arriba. María Esther Vázquez cuenta en Borges, esplendor y derrota (como recogen en La Nación) que acompañó al argentino en 1964 a una cena con escritores suecos en Estocolmo, durante la cual uno de los asistentes leyó un poema del que Borges se burló en voz baja. Por desgracia no lo suficientemente baja, porque el autor del poema, el propio Lundkvist, estaba presente y se enteró del comentario. Y se dice que nunca le perdonó que le hubiera puesto en ridículo.

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Nunca sabremos la importancia real que los incidentes de Pinochet y Lundkvist tuvieron en los votos del jurado del Premio Nobel de Literatura de 1967. Lo único que sí sabemos es la opinión de su presidente, con la que estamos de acuerdo, pero no como un insulto al argentino, sino como elogio. ¿Exclusivo, artificial, ingenioso? Sin duda. ¿Arte en miniatura? Por supuesto. ¿Qué es si no, por ejemplo, el Aleph, ese “punto que contiene todos los puntos del universo”?

Graham Greene nunca logró el Nobel. Ni James Joyce, Tólstoi, Marcel Proust, Franz Kafka y otros muchos grandes escritores cuyas obras hoy seguimos leyendo y disfrutando, dijese lo que dijese en su momento la Academia Sueca de ellos. En las declaraciones de María Kodama que comentábamos más arriba la viuda del escritor recordó una ocasión en la que un lector le paró por la calle para decirle que iba a rezar para que le diesen el Nobel. La respuesta del argentino fue puro Borges: “Dios nos libre; si tengo el premio Nobel soy uno más en una lista, de esta manera soy el mito escandinavo".

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