Lejos de aplacarse, la polémica en torno a la Academia Sueca, encargada de entregar el premio literario más importante del mundo, no hace más que enredarse con cada nueva noticia que llega desde el país nórdico. En esta ocasión, el posible aplazamiento indefinido de la concesión del próximo galardón.

Nunca me abandones (2005), de Kazuo Ishiguro, habla de, entre otras muchas cosas, sobre si es o no mejor saber el destino que nos aguarda, por muy horrible que sea. Si supone alguna diferencia que el camino hacia esa meta inevitable sea tortuoso o engañosamente edulcorado. Si merece la pena tener esperanza, aunque no haya ninguna razón para tenerla.