Inma Pelegrín gana el Premio Lumen 2025 con ‘Fosca’: una joya desde el corazón rural de Murcia

En apenas cien páginas, Inma Pelegrín ha logrado algo poco habitual: conmover, inquietar y deslumbrar a un jurado de primer nivel con su debut en la novela. Fosca, la obra con la que esta autora murciana se ha alzado con el III Premio Lumen de Novela, llega como un soplo de aire denso y poético desde los márgenes del mapa literario

Primer plano de la escritora Inma Pelegrín, con el pelo canoso, unas gafas de montura roja sobre la parte superior de la cabeza y su mano derecha apoyada en el rostro mientras mira hacia su derecha.
La autora Inma Pelegrín. Imagen cortesía de Penguin Random House / Lumen

El jurado de la edición de 2025 del Premio Lumen seleccionó Fosca entre más de 400 manuscritos procedentes de ocho países hispanohablantes. El galardón, dotado con 30.000 euros y la publicación de la novela en todo el ámbito cultural en español, reconoce exclusivamente el trabajo literario de autoras y se ha consolidado, en apenas tres pero intensas ediciones, como uno de los galardones más interesantes y con creciente influencia para descubrir nuevas voces femeninas en la narrativa.

Una historia breve que deja huella

¿Y qué es Fosca? En pocas palabras, una novela que rompe moldes, aunque pueda sonar a frase hecha. La historia que nos cuenta sigue a Gabi, su protagonista, un adolescente hipersensible que vive atrapado en un entorno familiar hostil, rodeado de tres hermanos mayores que lo maltratan y marcado por una enfermedad neorocognitiva poco común: la prosopagnosia, que le impide reconocer rostros. A ello se suma otro rasgo que lo hace aún más vulnerable: unas verrugas persistentes en las manos que lo obligan a usar guantes. Presa de un aislamiento cada vez mayor y más opresivo, Gabi encuentra consuelo en paseos por el campo sin rumbo preciso acompañado de fiel su perra Sombra; y también en sus visitas a Marcela, una vecina que parece saber siempre cómo curar algo más que el cuerpo.

Y entonces ocurre algo. Una noche de verano, cuando de repente hasta los grillos callaron, Gabi presencia un crimen. Pero su incapacidad para identificar y recordar caras lo convierte en un testigo imposible. A pesar de estos problemas en apariencia insalvables, se embarca en la titánica e incierta tarea de desenmascarar al responsable. A partir de ahí, la historia se convierte en una investigación íntima, casi sensorial, donde se mezclan secretos familiares, silencios densos y una tensión que no se suelta fácilmente.

Un estilo que duele y acaricia al mismo tiempo

Una de las razones por las que Fosca ha conquistado al jurado está en su lenguaje. La prosa de Inma Pelegrín (Lorca, 1969), de clara raíz poética, tiene una fuerza casi telúrica: es directa y lírica a la vez, austera pero profundamente evocadora. Las componentes del jurado han destacado en su estilo ecos de nada menos que Ana María Matute, Selva Almada o Jesús Carrasco, pero lo cierto es que su voz suena a algo nuevo.

Ángeles González-Sinde, miembro del jurado, habló de una “apuesta orfebre” por cada palabra, por cada imagen. Y no es una exageración: la novela parece tallada con cuidado artesano, sin una línea de más, con una belleza que puede llegar a doler. Otras voces del jurado, como Clara Obligado o Lola Larumbe, destacaron la forma en que Fosca reflexiona sobre una masculinidad heredada y opresiva, sin caer nunca en lo explícito ni en lo panfletario.

El jurado no duda en definir la obra como una “antinovela de iniciación”, una historia de formación que subvierte los modelos clásicos del género. En palabras recogidas en el acta, se trata del aprendizaje de “un chico con una sensibilidad excepcional que debe aprender a sobrevivir en un medio hostil donde, sin embargo, aún es posible la ternura”.

Una autora que llega del verso y trae una mirada distinta

Aunque se trata de su primera novela, la poetisa lorquina Inma Pelegrín no es para nada una desconocida. Licenciada en Filosofía, Ciencias de la Educación y Psicología, en el mundo de la poesía lleva años siendo una voz reconocida y un referente, con premios como el Gerardo Diego, el Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, el Antonio Machado en Baeza o el Jaén de Poesía. Libros como Trapos sucios, Cuestión de horas o Todas direcciones la han consolidado como una de las voces más sólidas de la lírica española contemporánea.

Pero Fosca es algo más que una transición del verso a la prosa. Es también un relato marcado por una vivencia muy personal: Inma Pelegrín sufre prosopagnosia, al igual que el protagonista de su historia. Esta condición neurológica, que afecta a un pequeño porcentaje de la población, se convierte en una clave narrativa que ha servido a Pelegrín para intentar acercarse a una explicación de la enfermedad que se le ha mostrado esquiva. No es un simple rasgo de personaje: es una forma distinta de mirar, de sentir, de contar, algo que se aprecia entreverado sutilmente en la narración.

Un premio que impulsa nuevas voces femeninas

El Premio Lumen de Novela, que toma el testigo del histórico Premio Femenino Lumen de los años noventa bajo el impulso de Esther Tusquets, renació en 2023 con la clara intención de apoyar a autoras en lengua española con una participación reservada a escritoras de España, América Latina y el Caribe. En las tres ediciones de esta nueva etapa ha premiado a Leticia Martin (Vladimir), Natalia Litvinova (Luciérnaga) y ahora a Inma Pelegrín. Tres apuestas valientes, distintas y necesarias.

El galardón, además, ha cuidado su proceso de selección: convocatoria abierta durante tres meses, fallo en junio y publicación en septiembre. Un ritmo intencionado que permite a las componentes del jurado una lectura pausada, lejos de las prisas editoriales, y que está dando frutos en forma de descubrimientos literarios como el de Fosca.

Respecto a la novela, que llegará a las librerías el 25 de septiembre, no es exagerado decir que dará que hablar y que se trata de uno de los títulos más esperados del otoño, por su propuesta narrativa, por la sensibilidad que despliega y por la manera en que conecta con temas profundos como la identidad, la violencia doméstica, la infancia rota o el deseo de ser visto. Es una obra breve, sí, pero con una potencia que la hace grande. Una historia que invita a detenerse, a mirar con otros ojos y a escuchar el susurro de las voces que normalmente quedan en silencio. Una obra que confirma que, a veces, desde los márgenes también llegan los centros de la literatura.

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