Encontrada la primera obra de ficción de Ernest Hemingway, escrita a los diez años

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La carrera del atribulado Ernest Hemingway tuvo, al parecer, un comienzo temprano. Tanto como los diez años de edad que contaba cuando escribió lo que podría muy bien ser su primer escarceo con la ficción en la forma de un diario de viajes imaginario y sin titular con el que rellenó catorce páginas de un cuaderno. El relato, que comienza con la frase “Nos vamos de viaje a Europa”, narra un periplo por el Viejo Continente a través de Irlanda y Escocia y fue descubierto el pasado mayo en Cayo Oeste, Florida, aunque no se ha hecho público hasta la semana pasada.

El responsable del hallazgo es Brewster Chamberlin, escritor e historiador local del cayo que se topó con el texto durante un proceso de catalogación de cartas y objetos variados del autor de El viejo y el mar pertenecientes al archivo de los Bruce, una familia amiga de la de Hemingway; el patriarca trabajó, de hecho, con el padre del escritor de Illinois y llegó incluso a ser un cercano confidente. Chamberlin contó con la colaboración de Sandra Spanier, profesora de literatura y editora del Proyecto Cartas de Hemingway, que rápidamente se percató del valor del descubrimiento. Ella y Chamberlin encontraron el algo amarillento cuaderno dentro de una bolsa de congelados con cierre zip con una etiqueta que sólo apuntaba la autoría, el tema y una fecha de posible creación: “8 de septiembre, 1909. Diario de EH por Europa”.

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El hecho de que el diario haya llegado en tan buen estado hasta nuestros días, con únicamente algunas marcas de humedad, y que no haya, simplemente, desaparecido, lo atribuyen los investigadores al afán acumulador que tenía Hemingway de todo lo concerniente al relato de su vida, como señalan en The New York Times. Además, en este proceso de archivo personal jugó un importante rol la cuarta esposa del autor, Mary Welsh Hemingway, que recopiló una ingente cantidad de material que abarca desde cartas a cuadernos y multitud de manuscritos inacabados. Los descubridores añaden que la suerte ha estado de su parte: el cuaderno y el resto de documentos que atesoraban los Bruce se vieron milagrosamente a salvo de los huracanes que durante septiembre han asolado Florida, Texas y el Caribe.    

El relato (que, en un principio, asemejaría ser un auténtico diario de viajes) narra un recorrido que comienza en Illinois con un viaje en tren, sigue con el salto del Atlántico y culmina con algunas excursiones por tierras de Escocia e Irlanda que son descritas con curioso detalle en una historia que cobra la forma de unas memorias y también de cartas que Hemingway dirige a sus padres. En sus páginas, el escritor describe un recorrido por el Castillo de Blarney, la pobreza que asolaba la Irlanda de la época o su visita a una casa de piedra con tejado de paja. Destacan especialmente su precisión en las descripciones y la exactitud de los entornos geográficos y su localización, algo que demuestra que el joven Hemingway se documentó a conciencia para su obra.

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Pero fue Spanier la que se dio cuenta de que, en realidad, no se trataba de un cuaderno de viajes real, toda vez que el autor no viajó a Europa hasta unos años después de la fecha en la que el diario fue escrito y, además, nunca realizó un trayecto como el que describe; fue esto lo que le hizo pensar que se encontraba ante algo significativo. Spanier indica también que el texto ya contaba con algunas de las señas de identidad propias de la narrativa de Hemingway, como la precisión lingüística con la que “a menudo situaba a sus personajes en escenarios descritos con absoluto realismo”, afirma la profesora.

Spanier pensó que el hallazgo “era algo realmente increíble, una obra histórica. Es la primera vez que vemos a Hemingway escribir una narración sostenida e imaginativa”. Aun sin conocer la motivación real del ganador del Nobel en 1954 a la hora de crear el relato, la profesora apunta que puede que lo hiciera para presentarlo a un concurso literario mensual que organizaba la St. Nicholas Magazine (algo que ya había probado la hermana del escritor), aunque quizás simplemente se sintiera inspirado o impelido a escribir una obra de ficción tan precoz.

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