¿Qué pasaría si Tintin hubiera sido siempre una mujer?

Es lo que ha planteado a modo de experimento sociológico y de comunicación el filósofo francés Vincent Cespedes. Con ello ha levantado algo de polvareda en el mundillo del cómic y de los medios de comunicación al afirmar que es muy posible que el popular reportero Tintin nunca haya sido un hombre sino, más bien, una mujer “pelirroja andrógina y probablemente asexual”. Y no se queda ahí, sino que sostiene que, seguramente, Hergé estaría muerto de la risa, junto con sus amigos conocedores del hecho, al ver que el mundo entero cree que su (como el creador llamaba) “marimacho”, es un verdadero chico.

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Cespedes publicó esta opinión a través de su cuenta en la red social Facebook desencadenando el lógico jaleo, acompañado de debate entre propios y extraños, sobre todo entre los fans del personaje que, en general, han despreciado la hipótesis del filósofo. En cualquier caso, entre los seguidores siempre ha existido, al parecer, la duda más o menos razonable respecto al sexo del reportero, centrada sobre todo en la aparente ausencia o dificultad de éste para relacionarse con mujeres; de hecho, de todos los personajes que aparecen en las 24 aventuras de Tintin se pueden contar sólo ocho mujeres que lo son de forma explícita.

El filósofo, pintor, compositor y ensayista explica en su publicación en Facebook que se basa en diversos ejemplos que encuentra a lo largo de los cómics de Tintin para formular su teoría. Entre ellos está el hecho de que el joven reportero suele vestirse de mujer en sus aventuras, tiene un carácter y forma de ser que podrían ser demasiado amables y con una “benevolencia y dulzura inquebrantables”. Es el caso, por ejemplo, de La Isla Negra, episodio desarrollado en Escocia donde Tintin es el único personaje en llevar un kilt. Cespedes señala que Hergé ideó así a su personaje, una mujer ataviada como un hombre, para que pudiera moverse y viajar por el mundo “sin temor a la misoginia de otras culturas, a la modestia, a los modales o a la estupidez de los prejuicios”. El personaje ideado por Hergé muestra una acusada neutralidad de género, apunta en The Guardian el experto en Tintin y profesor de la Universidad de Lancaster Benoît Peeters al reflexionar que la teoría aportada por Cespedes pudiera tener cierta base, intencionadamente por su parte o no.

El problema ha surgido cuando muchos medios de comunicación a lo largo y ancho del globo, algunos de contrastado prestigio, han corrido a publicar la teoría de Vincent Cespedes obviando de forma interesada que él mismo la había calificado de forma clara como “noticia falsa” (fake news), experimento del pensamiento y la comunicación, una manera de repensar el personaje desde un punto de vista alternativo y una forma de comenzar una conversación filosófica. En declaraciones a The Guardian, Cespedes ha afirmado que los medios “prefieren difundir el tema como si dijeran: ‘Este filósofo está loco, ¿qué demonios?’ y no mencionan el tema de la noticia falsa”.

Vincent Cespedes

Vincent Cespedes. Foto: MEDEF

A partir del alboroto que ha desencadenado, Cespedes afirma haber demostrado que los medios de comunicación actuales tienen un grave y, señala, peligroso problema: necesitan las noticias falsas para competir, progresar y ser escuchados, llamar la atención de los consumidores de información con algo llamativo y sonoro aunque sea de discutible veracidad. La cuestión es que estos receptores, muchas veces, no tienen forma de saber si la información que tienen ante ellos es real o no. Según Cespedes, “todo es plural. No sabes si es verdad o falso, está en el medio”. Además, plantea el filósofo, su idea era trasladar la teoría a los lectores como algo sobre lo que reflexionar, nunca una forma de llamar la atención de los medios de comunicación para generar una reacción de tal intensidad.

En un momento en que las noticias falsas y la llamada post-verdad pueblan muchos medios y redes sociales para, finalmente, caer en las manos de lectores que pueden carecer de la necesaria capacidad crítica de comprensión lectora, el punto señalado por el filósofo se muestra ciertamente preocupante y de difícil solución. Es posible que periodistas, medios y redes sociales deban hacer un ejercicio de responsabilidad para retomar la antigua máxima periodística de “informar, formar y entretener” olvidada hace demasiado tiempo y que podría contribuir, de nuevo, a la formación de un público crítico ante la información que le bombardea y el contexto político-social en el que vive.

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