¿Y si Caperucita tuviera una escopeta?

Ilustración de la versión modificada por la ANR de Caperucita roja

Es tristemente habitual que nos impacten noticias sobre tiroteos en Estados Unidos que no hacen sino sumar muertos a una ya demasiado larga lista de bajas. También es habitual que se alcen voces contra la excesiva permisividad hacia las armas que se vive y sufre en aquel país, que vienen sobre todo desde los sectores menos conservadores de la sociedad. Estas voces suelen tener su contrapartida por parte de aquellos que defienden la libertad de portar armas que consagra, eso dicen, la Constitución estadounidense. Entre estos últimos se alinea, cómo no, la infausta Asociación Nacional del Rifle (ANR), con propuestas que van de simples dislates a completos disparates, como cuando plantearon la idea de proveer de armas a niños, adolescentes y trabajadores en los colegios para evitar masacres como la de Sandy Hook, en la que fueron asesinados 20 niños y seis adultos. En este sentido, en The Independent señalan que cada año se producen hasta 350 incidentes relacionados con armas de fuego que implican a niños y adolescentes, lo que resalta la gravedad del asunto.

En esta carrera para llegar a los límites de lo absurdo, y como si los cuentos de los Hermanos Grimm y otros no fueran ya lo suficientemente violentos y siniestros, la ANR ha marcado un nuevo hito, entre excéntrico y peligroso, al reescribir los cuentos infantiles de forma que sus personajes porten armas de fuego como defensa ante el peligroso entorno que narran sus historias. Así, en las narraciones reinventadas nos encontraremos que Caperucita y su abuela se enfrentan al Lobo Feroz armadas con una potente escopeta, o que los hermanos Hansel y Gretel van de caza por el bosque cuando descubren que una malvada bruja tiene cautivos a unos niños a los que liberan de forma heroica gracias, también, a los rifles que llevan consigo. Aunque, al parecer, en ningún momento se llegan a disparar las armas, éstas forman parte decisiva de la narración al mostrarse como elementos de fuerza coercitiva clave para que los protagonistas salgan airosos de los enfrentamientos con los villanos que son sus enemigos en las historias.

Según la ANR, estas reescrituras forman parte de una campaña de la asociación para conseguir “un uso responsable de las armas de fuego por parte de los niños” mediante la enseñanza del uso y de las medidas de seguridad pertinentes cuando se manejan. Con estas medidas en funcionamiento, la ANR asegura que han contribuido a que más de 28 millones de niños hayan “aprendido a actuar con seguridad cuando se encuentran un arma”. Si bien pudieran parecer argumentos lógicos, no deja de ser preocupante que se haga hincapié en la posesión y uso de las armas como una vía para que la seguridad se mantenga, en lugar de abogar por la concienciación y un control efectivo que las limite como señalan los activistas que, como era de esperar, han montado en cólera ante el polémico movimiento de la ANR.

Ilustración de la versión modificada por la ANR de Hansel y Gretel

Según Dan Gross, presidente de una asociación que busca prevenir la violencia por las armas, todo esto es una “campaña de marketing repugnante y moralmente depravada”. Con ella, añade Gross, la ANR demuestra “lo desesperada que se ha vuelto por vender más armas, llegando a publicitar armas letales para los niños pervirtiendo los cuentos clásicos infantiles sin tener en cuenta las carnicerías que ocurren a diario”.

Estos clásicos de los Hermanos Grimm han sido adaptados a la filosofía de la ANR por la autora Amelia Hamilton, que la asociación define, entre otras cosas, como “escritora patriota de toda la vida”. Los interesados, pueden leer Hansel y Gretel o Caperucita roja directamente en la página de la ANR dedicada a las familias.

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