Elena Ferrante y su alergia a la fama

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En alguna de nuestras newsletters hemos hablado sobre la elusiva autora italiana Elena Ferrante, de la que poco o nada se sabe aparte de los elogios casi unánimes que reciben sus novelas, especialmente su serie de Novelas napolitanas, cuya cuarta y última entrega lleva por título La niña perdida.

Ferrante (si es que ése es su verdadero nombre) no promociona sus obras. No asiste a charlas o conferencias, no recoge premios y apenas concede entrevistas. En el orbe literario y periodístico nadie sabe quién es (puede que ni siquiera sea una mujer), ni cómo es, ni cómo ha sido o es su vida (ni si, claro, su obra es autobiográfica o tiene rasgos autobiográficos), lo que permite, entre otras cosas, que sus obras hablen por sí mismas, sin los prejuicios que puede añadir a la lectura la imagen que de un escritor tenemos. 

Desde que en 1991 publicó su primera novela ya dejó bien claro en una carta a su editora cuál iba a ser su postura ante los medios, la promoción y, en general, la notoriedad. En London Review Bookshop han publicado esa carta, de la que seleccionamos este extracto (las negritas son nuestras):

“I do not intend to do anything for Troubling Love, anything that might involve the public engagement of me personally. I’ve already done enough for this long story: I wrote it. If the book is worth anything, that should be sufficient. I won’t participate in discussions and conferences, if I’m invited. I won’t go and accept prizes, if any are awarded to me. I will never promote the book, especially on television, not in Italy or, as the case may be, abroad. I will be interviewed only in writing, but I would prefer to limit even that to the indispensable minimum. I am absolutely committed in this sense to myself and my family. I hope not to be forced to change my mind. I understand that this may cause some difficulties at the publishing house. I have great respect for your work, I liked you both immediately, and I don’t want to cause trouble. If you no longer mean to support me, tell me right away, I’ll understand. It’s not at all necessary for me to publish this book. To explain all the reasons for my decision, is, as you know, hard for me. I will only tell you that it’s a small bet with myself, with my convictions. I believe that books, once they are written, have no need of their authors. If they have something to say, they will sooner or later find readers; if not, they won’t. (…) True miracles are the ones whose makers will never be known; they are the very small miracles of the secret spirits of the home or the great miracles that leave us truly astonished. I still have this childish wish for marvels, large or small, I still believe in them.

Besides, isn’t it true that promotion is expensive? I will be the least expensive author of the publishing house. I’ll spare you even my presence“.

La carta, rotunda, sirve al escritor Alexander Chee para reflexionar en este artículo sobre cuestiones como el pasado reciente y el presente de las publicaciones sobre libros (de las revistas literarias serias a los blogs que sólo publican fotos de libros, sin contar nada sobre esos libros, mucho menos analizarlos) o la relación de los escritores con internet y las redes sociales.

Chee, que reúne anécdotas de compañeros escritores que necesitan desconectar para trabajar, lamenta que muchos autores se vean condenados a una eterna autopromoción de su trabajo (cuentas en todas las redes sociales convenientemente actualizadas) para llegar a los lectores, y también que sea muchas veces imprescindible caer bien para vender, un problema que no tiene Elena Ferrante. Pero, como el mismo Chee admite, no todos pueden disfrutar de ese privilegio. Y tal vez tampoco compartan con ella su alergia a la fama. 

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