Sobre escribir ‘bien’ y lo que es ‘correcto’

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Es un debate probablemente tan antiguo como las lenguas escritas, pero nunca pasa de moda: ¿es importante escribir bien o al final lo único relevante es que los receptores entiendan el mensaje del emisor? Ni que decir tiene que lo segundo es el argumento preferido de los que no ponen ningún interés ni empeño en seguir las reglas de la gramática y la ortografía. A estas alturas, casi cualquier ciudadano medio (hay excepciones, por supuesto) tiene a su alcance los medios para poder usar correctamente la lengua que habla y escribe, pero no todos los aprovechan.

Junto a este debate hay otro, también recurrente, sobre cuál es el papel de diccionarios y obras de ortografía y gramática. ¿Deben indicar qué es lo correcto (prescriptivos) o en su lugar reflejar el modo en que la población usa una lengua determinada (descriptivos)?

El español no es la única lengua en la que se producen estas discusiones. También ocurre con el inglés, como refleja este artículo del Wall Street Journal en el que Oliver Kamm rompe un par de lanzas en favor de quienes no ponen ningún cuidado a la hora de usar su lengua.

“The critics had misjudged what a dictionary is for. Lexicographers don’t have the option of recording only the usages they approve of. They have to describe the language as it is, knowing that there is no one in charge of it. Indeed, there is no single body of definitions that can be identified definitively as English. There are different dialects of English, all of which conform to grammatical structures. Usage is not just usage: It is what the language is”.

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Kamm defiende que los diccionarios sólo deben reflejar qué hace la gente con la lengua, porque “el uso no es sólo uso: es lo que la lengua es”, y defiende, en esencia, que si todo el mundo usa de una forma una palabra o una estructura o cualquier otro elemento lingüístico, ése es el uso correcto (eso sí, habla de usuarios “educados”):

“It is possible, of course, for us to make errors of grammar, spelling or punctuation. But it is not possible for everyone, or the majority of educated users of the language, to be wrong on the same point at the same time. If it is in general use, then that is what the language is”.

Kamm cree, además, que todo el tema de lo que está bien o mal es una mera cuestión de esnobismo. Que lo único relevante es dominar los distintos tipos de registro de acuerdo a la audiencia a la que uno se dirija (¿para eso no hay que saber ortografía y gramática?):

“The whole debate about English usage has been bedeviled ever since by this snobbery, whereas the real task of language instruction (for adults as for children) should be to help people learn how to address different types of audience at different sorts of occasions. A speech delivered at a public event marking a great tragedy, for instance, demands a highly formal register; commentary on the Super Bowl needs a conversational tone. If you mix them up, you have failed not just in standards of language but in proper behavior as well”.

Aunque estemos de acuerdo en que nadie debería ser estigmatizado por cómo hable, no compartimos en absoluto que las normas lingüísticas sean “supersticiones”. Son normas, tan discutibles y arbitrarias como muchas otras que rigen esferas sociales, pero no son supersticiones (por mucho que un par de ejemplos de los que pone sean totalmente prescindibles).

“People should not be stigmatized for the way they speak, and they certainly should not have stupid, made-up linguistic superstitions drilled into their heads”.

Pese a unas cuantas afirmaciones con las que discrepamos, el artículo entero es muy interesante y su lectura muy recomendable. No dejéis de leer también los comentarios, en los que algunos lectores rompen también un par de lanzas, pero contra el autor.

Somos conscientes de que nuestra postura no es demasiado popular (basta pasar por las redes sociales para comprobarlo), pero desde aquí reivindicamos (nos hemos quedado ya sin lanzas) la importancia de escribir y hablar correctamente, de saber usar la lengua, nuestra más valiosa herramienta de comunicación, para expresar con precisión y de la mejor manera posible lo que queremos, sentimos y pensamos. Explicamos el mundo que nos rodea y el universo que cada ser humano lleva dentro con palabras, con frases. Dominarlas no es un deber, es un privilegio. Aprovechémoslo.

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