Escritores y sus empleos

Hoy en día no es fácil ganarse la vida escribiendo, y tampoco lo era hace cien o doscientos años. Pese a que hay muchos ejemplos de escritores profesionales clásicos que vivían (y muy bien) de lo que escribían, hay muchos más que tuvieron que trabajar en otros sectores para subsistir (y otros cuantos que murieron casi en la indigencia, por muy revalorizada que esté ahora su obra).

Este gráfico del Lapham’s Quarterly reúne a algunos de esos autores en su tiempo libre y explica cuáles eran sus trabajos de verdad, qué labor desempeñaban exactamente, qué era lo mejor y lo peor que les ofrecían sus puestos de trabajo y qué escribieron mientras desempeñaron oficios tan prosaicos como magistrado, burócrata, empleado de banca, funcionario de correos o institutriz.

De los autores de arriba, Anthony Trollope fue el que más aguantó en su puesto y también el que más produjo durante ese tiempo, aunque no cabe duda de que Franz Kafka obtuvo mucho más de su periodo en el Instituto de seguros de accidentes laborales que las tres obras que produjo entonces, al igual que Charlotte Brontë, que no escribió nada mientras fue institutriz, pero aprovechó mucho de lo que vivió en ese tiempo para su Jane Eyre.

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