Don Quijote no “topó” con la Iglesia

Don Quixote and Sancho Panza worship a shrine to Cervantes in Golden Gate Park (1)

Foto: Mary Harrsch

—Hallemos primero una por una el alcázar —replicó don Quijote—, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos. Y advierte, Sancho, o que yo veo poco o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea.

—Pues guíe vuestra merced —respondió Sancho—: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día.

Guió don Quijote, y habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:

Con la iglesia hemos dado, Sancho.

La expresión “con la iglesia hemos topado” es una de las más populares de Don Quijote de la Mancha, y también una de las más empleadas en la vida cotidiana, normalmente cuando algo o alguien choca con una circunstancia insalvable o un poder contra el que no se puede ganar (la Iglesia, pero no sólo ella).

Lo curioso es que Don Quijote no usaba la frase con ese sentido, sino como mera constatación de que el edificio que había confundido en la oscuridad con el palacio de Dulcinea no era más que la iglesia del pueblo. En Desequilibros explican con detalle esa desviación de significado que la frase ha ido adquiriendo con el paso del tiempo.

Es algo parecido al “Elementary, my dear Watson”, que nunca apareció en las obras de sir Arthur Conan Doyle.

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